En más de una ocasión consideré pedirle que se quedara, todo sería más sencillo si nos quedábamos juntos pero en lo profundo de mi corazón sabía que jamás funcionaría. Él debía seguir su camino, cumplir con sus tareas encomendadas por el Inframundo pero eso no quita que, tal vez en ambos, el deseo de permanecer existiera. Hay noches, sobre todo las noches de luna nueva, cuando el cielo está completamente oscuro, en esos momentos en que no se escucha ni un solo ruido, que pareciera que todos duermen, esas noches… Esas noches es cuando más extraño las conversaciones que teníamos. No murió, no te espantes, simplemente tuvo que irse.
Nuestra última reunión fue amarga, yo estaba convaleciente, así que recuerdo poco. Estaba terriblemente enferma, no lograba salir de la cama, me costaba respirar y mi fuerza menguaba cada día. De alguna manera tenía que atraerlo, y sabía perfectamente que no dejaría ir una oportunidad para venir por mí. Para venir a verme. Llegó una tarde, ni siquiera se esforzó por ocultar su presencia como a veces hacía, me miró horrorizado, revisó su lista un par de veces hasta que finalmente aceptó que mi nombre estaba ahí y tal vez por última vez. Pero yo sabía más que él. Siempre supe más que él, y así estaba consciente que el destino estaba escrito, era la última vez que cruzaríamos palabra, no teníamos mucho tiempo. Nuestra despedida fue corta, amarga, pero creo que ambos sabíamos lo que queríamos decir. Recuerdo haber llorado toda la noche después de que se fue, pocas cosas lograban apagar ese sentimiento de abandono, claro que yo sabía que no me estaba abandonando pero así se sentía. ¿Alguna vez te ha pasado que esa persona especial, aquella con quien compartes lo que te pasa se va? ¿Alguna vez te has tenido que despedir para siempre de alguien, no porque se haya muerto, sino porque no hay manera de mantenerse en contacto y el destino dicta que deben separarse para siempre?
Tofy y yo nos perdimos ese día por su gran trabajo todos esos años. Un merecido premio para él, una maldición para nosotros. Sólo espero que, cuando llegue mi momento, sea él quien venga por mí y así verlo de nuevo.