Un último adiós

Veo como todo continúa; vas caminando por la calle, te ves feliz. Espero realmente lo seas y no estés fingiendo para que la gente evite preguntar por tu bienestar. Después de verte regresé a mi departamento, las cajas invadían el lugar, mis maletas estaban listas y Luna, mi perrita, corría entre ellas mientras Venus, mi gatita, dormía sobre la caja más grande. Ya casi llegaba el día, mañana me iría de este lugar. Era un gran paso, algo difícil porque aquí crecí de maneras que creí imposibles a tan corta edad. El boleto de avión descansa sobre los estantes de la cocina. Me senté entre las cajas. 

De pronto sonó mi celular, era Claudia insistiendo que todos nos juntáramos para disfrutar mi última noche en la ciudad. Tomé mi bolsa y salí hacia la dirección que me había dicho, no era desconocida pues normalmente nos reuníamos ahí. Llegué y ya había cervezas y comida en la mesa. Todos me recibieron con abrazos y comenzamos a platicar, varios preguntaban si estaba nerviosa y si ya estaba todo listo en mi ciudad destino. Fue una noche terriblemente amena y dulce, me di cuenta de lo mucho que iba a extrañar a mis amigos. Habían pasado varias horas, casi al final de la noche, cuando sonó el timbre. Entraste a la sala donde estábamos todos reunidos, te acercaste y me saludaste como si fuera cualquier reunión, esa actitud era normal entre nosotros.

Muy entrada la madrugada informé que ya me retiraba, pues salía temprano al aeropuerto. La despedida definitiva había llegado. Abracé a todos y cada uno de los ahí reunidos, dejándote para el último. Ofreciste llevarme a mi casa, tranquilamente acepté. 

Caminamos al carro, me abriste la puerta y después te sentaste tras el volante. Nos quedamos en silencio durante el trayecto a mi casa; una vez ahí apagaste el motor y nos quedamos en silencio por unos minutos. 

– ¿Ya tienes todo? -Tu voz estaba por debajo de lo normal, me di cuenta que temías la respuesta, lo cual me sorprendió.

– Sí, mañana en la noche viene el camión que llevará cosas a la bodega y el resto se enviará a la nueva casa-. Suspiraste ante mi respuesta, tu serenidad de la noche estaba desapareciendo. Giré mi mirada hacia ti, sin saber qué esperaba ver. Tu mirada estaba centrada en el volante, evitando dirigir tus ojos hacia mí. Estiré mi mano y toqué la tuya, que aún descansaba en la palanca. Al sentir el contacto de mi piel volteaste a verme, no podía leer tus ojos pero sabía que querías decirme algo y por primera vez, no te atrevías a hablar. Iba a retirar mi mano cuando la apretaste, jalando mi cuerpo cerca del tuyo, me abrazaste. -Necesito entrar, faltan pocas horas para que tenga que viajar. 

El abrazo duró unos segundos y bajaste del auto, hice lo mismo. Abrí la puerta y entraste conmigo, dejé mi bolsa en la repisa junto a mi boleto. Dirigí mi mirada hacia ti, me miraste con esos ojos que pocas veces me pude resistir. En un arranque desenfrenado, ya sea por mis sentimientos o porque sabía que no te volvería a ver en mucho tiempo, te besé al mismo tiempo que tus brazos me rodeaban. 

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